viernes, 15 de mayo de 2015

Semper Indomitus






He dado pasos agigantados en mi vida, todos llenos de vértigo, ninguno era la consecución del otro, siempre eran cambios de ritmo.
De pequeño solía pensar que la vida era solo lo que veía con mis ojos más pueriles, tal vez dentro de esa niñez no comprendía la magnitud de llevar las cosas al extremo; siempre vi que las objeciones que me ponía la vida eran nada, un obstáculo solo y más energía imprimía en ir a por ello, me costó caro.
Hoy, estoy aquí viendo pasar la vida ante mis ojos, los cantos de las aves retumban en mis oídos con un sonido silente que ni mi imaginación escucha, los pasos vertiginosos se han cambiado por lento caminar que la senda dejada atrás se llevo. Nunca he sido ejemplo de nadie ni quiero serlo aunque ya con la edad que tengo solo espero que el paso de mis días aquí en este lugar sea tan fugaz como la vida que ya paso el futuro que aun existe y el presente que acarreo con los deseos del futuro y los recuerdos del pasado. En ese lento caminar que ahora llevo, a mis años quizás sea experiencia, quizás sabiduría, quizás entrenamiento, no lo sé; lo cierto es que con cada paso que doy no espero el siguiente, solo sé que sucederá y ya no me pregunto si vendrá solo sé que será. ¿Un salto de fe? Quizás si o quizás no, lo cierto es que a cada momento, cada respiración, cada palabra, cada imagen, la vida se nos va tan rápido como el agua que corre en el rio que parece la misma pero ya no está en esa magia sin sentido para algunos descifrable para otros Divina en los ojos de muchos.
Estoy viejo y cansado pero los años no son el producto de mi cansancio, es la paciencia de comprender todas las adversidades, de disfrutar las alegrías, mantenerme indemne ante lo que viene, lo inmarcesible de la existencia, del pragmatismo de mi consciencia. El cansancio que llevo no se puede dejar, se acumula, es como si un cántaro se llenara gota a gota, despacio; tan despacio que ni siquiera tendría tiempo de ver mientras se derrama lo que lleva adentro fruto de los años fruto de todo lo que aprendí, lo que fui y lo que seré.
Así han pasado los años de mi vida, han sido hermosos aun los más tristes porque todos me han nutrido. A veces dicen que no hay de que arrepentirse y vaya si me costó años comprenderlo puesto que tuve la osadía de hacerlo, nunca pensé que era más precioso el tiempo en ver los errores y sonreír que en culparse por lo que no se hizo, era muy joven y no tenía idea de nada, no comprendía nada. Recuerdo perfectamente que muchas veces quise abandonar, cuantas veces sufrí los designios del olvido, el hado del destino que implacable enseña que si lo abandonas no regresa, lo que dejas es pasado y al pasado no volvemos, que tonto fui; tantas veces en mis arrebatos de desesperación queriendo hacer lo imposible, lo indecible, lo incomprensible en llevar a cabo la lejanía del olvido.
Todo el que me ha conocido me ha tratado de alagar de muchas maneras en todo pero nada es posible, de esa manera no. Siempre he sido un temerario y aun ante la muerte lo sigo siendo, jamás veré los retos como algo imposible aunque ahora me los tome con la tranquilidad del ser y el espíritu de un niño, quizás tome otra vez la determinación que en otrora usaba para hacer lo impensable. Imposible.
Ya quedan solo extensiones de mi mismo que se sobrepusieron a la infinita adversidad y ahora comprendo que todo debe estar en equilibrio, incluso la mente. Vaciar de vez en cuando los pensamientos, aprendizajes, paradigmas, mensajes, deseos, añoranzas y temores es lo que me permite retomar día a día con nuevos aires la vida; ya sé que solo soy un viejo y aunque mi cuerpo no sea lo que fue es preciso hacer lo que debo, es preciso terminar con lo que empecé, es preciso dejar de llorar y seguir adelante, no es fácil, lo sé, nada lo es. Ahora me levanto de mi silla, las piernas me tiemblan y aun sin ayuda lo hago, no es fácil, la soledad de los que no están me acompaña, tomo mi bastón, me erijo tan recto como mis pesados hombros me permiten y doy un paso más, dos, tres, camino de nuevo tan rápido como en mi juventud. Sé que aunque me veo como un viejo decrepito mis pasos van más rápido que los de cualquiera por que llevan Voluntad, FE y sabiduría que ni un hombre joven me supera por que en mi Ser solo hay determinación. Mis pasos ahora son firmes, camino sin prisa. Estoy extasiado.

Centésimo Humano.

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